Las víctimas continúan siendo víctimas, la pregunta es ¿víctimas de quién?. Desde el estallido, como sociedad nos hemos visto envueltos en una vorágine de emociones y discursos que han incidido en nuestras decisiones.
Todos recordamos las imágenes de un supuesto enfermo terminal, convirtiendo su dolor en argumento fundamental para la arenga y justificación concreta de una lucha que debía emprenderse contra quien sea que estuviera al frente.
Pavlik Morozov, fue un niño de 13 años que supuestamente denunció, ante las autoridades locales, a su padre campesino, como traidor al régimen de Stalin, luego de esto, fue asesinado a machetazos, un espeluznante acontecimiento utilizado para alimentar la propaganda política y la cultura de informantes, que anteponían el bienestar del estado antes que a su propia familia, en la Union Soviética. Luego de la tragedia, el niño Morozov, fue convertido en un héroe comunista, un modelo del comportamiento del régimen, se compusieron poemas, canciones y se erigieron estatuas por todo el país.








