
Verano, Santiago, hora peak, centenares de cuerpos en un espacio reducido, al igual que yo en busca de un ticket con dirección costa –Valparaíso- sudorosos abriéndose paso en la muchedumbre, arrastrando bolsos y desplazándose de manera inverosímil con una clara expresión de desagrado, una vez conseguido la imagen me recuerda los círculos de Dantte en su maldita comedia, miras el boleto y descubres que debes esperar en el infierno sin rumbo conocido, ¿Qué hare en ese tiempo? ¿Que he hecho para recibir semejante castigo?. En los parlantes una voz demoniaca te recuerda que hay otros antes que tu y debes esperar, pareciera regocijarse “$ulman Valparaíso 20:00 hrs inicie sus servicios”, mientras tanto los desgraciados patéticos hacemos la espontanea fila de los que tienen la esperanza de que alguien no llegue y tomar su lugar en el bus, pero no avanzamos, surgen filas desde todos los ángulos posibles y la desesperación inunda todo con la viveza del chileno que se cambia según su conveniencia, pero la justicia callejera no perdona y comienza el hostigamiento verbal cercano a un linchamiento sicológico, señora respete!!!, gritos, voces y silbidos levantan en llanto el bebe a mi lado -Suspiro- y sigo esperando.